Se caía lentamente en picada
con la sensación de cosquilleo,
esa hoja mediana
que nació hace una semana
se había desprendido;
yo en el patio
la miraba caída, tirada,
ni con pega pude pegarla
por ese viento de febrero
que la balanceaba.
Yo estaba sola
pero una pequeña sombra apareció,
con manitas pegajosas
la cargó en medio de la nada,
se la guardó.
La hoja se volvió a un árbol
pero coloreado
estaba su árbol soñado e imaginado
ahí, feliz se marchitó
pegada a un papel de color
donde todo niño la notó.